Los estudios demuestran que los usuarios potenciales tardan una media de entre 7 y 10 años en tomar acciones para frenar el progreso de su pérdida de audición con la adquisición de un audífono, y uno de los principales motivos del retraso de esta toma de decisión son ciertos temores que presentamos a continuación, y que ayudamos a rebatir:

1. “No me gustan las malas noticias”.
A nadie le gusta ir al médico, especialmente porque tememos lo que nos pueda decir. Sin embargo, no tratar la pérdida auditiva se ha demostrado que aumenta el riesgo de padecer enfermedades como la demencia, el Alzheimer o trastornos cardiovasculares y coronarios, además de aislamiento social, ansiedad y depresión. Así las cosas, las revisiones auditivas preventivas pueden ahorrarnos muchos problemas en el futuro.

2. “Los audífonos me harán parecer mayor”
La pérdida de audición hace que a quien la padece le tengan que repetir lo que se acaba de decir, escuche la televisión demasiado alta o responda de forma inapropiada en las conversaciones. Esto sí que hace parecer mayor, mucho más que llevar un audífono. Además, los audífonos han evolucionado mucho en los últimos tiempos, y existen modelos diminutos que se introducen completamente en el canal y resultan prácticamente invisibles. Otros pueden parecer, y de hecho funcionar, como dispositivos Bluetooth. La labor fundamental del audioprotesista es ayudar al usuario a encontrar el modelo que mejor se adapta a su estilo de vida y a sus requerimientos audiológicos.

3. “La prueba auditiva me va a doler”
El estudio para la evaluación de la audición es una prueba sencilla e indolora, que incluye:

– Una charla inicial con el audioprotesista para conocer las costumbres, hábitos auditivos y estilo de vida del paciente.
– Una revisión visual del oído con un videotoscopio
– Una timpanometría
– Audiometría aérea y ósea
– Examen de discriminación de palabras
– Test de señal en ruido (SIN)

Los resultados plasmados en el audiograma, suponen un apoyo visual para explicar al paciente el estado de su salud auditiva con respecto a lo que sería un nivel de audición óptimo.
Es importante que el profesional de la audición transmita tranquilidad e informe detalladamente al paciente en cada paso, respondiendo a todas sus posibles dudas y preguntas.

4. “¿Y si los audífonos no me van bien?”
La tecnología auditiva ha evolucionado enormemente desde sus inicios. Actualmente los audífonos distinguen entre los diferentes entornos de escucha para facilitar la conversación allí donde se esté produciendo, incluso si hay ruido de fondo. Proporcionan soporte para localizar la procedencia del sonido, como ocurre con el propio sistema auditivo humano. Eliminan los incómodos pitidos del feedback sin sacrificar la calidad del sonido, y se adaptan automáticamente a cada entorno sonoro.
Si bien es cierto que la audición a través de los audífonos es diferente, y puede llevar algo de tiempo acostumbrarse, el audioprotesista debe acompañar al usuario en todo el proceso inicial hasta garantizar su satisfacción.

5. “Los audífonos son muy caros”
El precio de los audífonos depende fundamentalmente del nivel tecnológico o prestaciones que incorporan. Existen diferentes segmentos de precio para cubrir todos los bolsillos y necesidades, independientemente del formato o modelo de audífono seleccionado. En función de cada centro, se podrán ofrecer además distintas opciones de financiación o promociones. Es  muy recomendable y conveniente estar informado de las subvenciones disponibles en cada Comunidad Autónoma para la compra de audífonos.

En definitiva, la persona que acude al gabinete debe ser consciente de que tratar la pérdida de audición cambiará su vida a mejor, y que no hay que temer a ese cambio.